Me gusta escribir. Me hace feliz. Hoy terminé de desempapelar mi escritorio y esto más o menos comienza a tener un orden conocido - es decir, antes había un orden, pero me era ajeno, desconocido y me causaba estrés -, de modo que me siento un poco más libre. Como si cuando tuvieras miles de papeles tirados por todos lados, se implicara que debes hacer algo al respecto. Quizá no todos lo sienten, pero a mí me sube el estrés exactamente 4 rayitas.
Cambio de tema.
Hablo con entrañable defeño, localizado temporalmente en Monterrey y le digo que extraño nuestras platiquitas cerveceras.
Hay veces, en que no quieres pistear, no quieres oír música, no quieres nada en particular, sólo un lugar tranquilo, donde puedas conversar por horas. Ideal sitio: La Galería del Café en Monterrey. La música tiene justo el volumen adecuado, la decoración es lo bastante buena como para llamar tu atención cuando entras, pero para pasar a un segundo plano cuando comienzas a conversar (no así el Kitsch, donde te embobalicas viendo los enanos distribuídos sobre el pasto artificial, o contemplando las paredes forradas de peluche rosa).
Vida hay mucha. Amigos, pocos. Salud por los que tienen con quien conversar esas tardes.
Dre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario