6.9.06

Ritual

De camino al pasado, o al futuro, uno se encuentra con el ritual cotidiano. El mío es escuchar el noticiero de Pedro Ferriz desde las 6.45 hasta las 7.30, hora en que finalmente consigo evadirme de las realidades alternas en que me inmiscuyó el sueño. Otros prefieren un café, de camino al trabajo me toca ver un neón naranja metálico, del que invariablemente salen humo de cigarrillo (inclusive hoy, que el cielo se nos venía encima gota a gota).

El ritual nos permite permanecer, nos regresa a la certeza de cada día, nos impide caer en la locura de la invariablidad del cambio y la imposibilidad de detener el tiempo. Asirnos a un ritual nos da la oportunidad de robarle al día los minutos que dedicaremos a ser iguales, a persistir en la imagen que tenemos de nosotros mismos, porque ¿quiénes seríamos sin aquello que nos ha definido?

Nos define el gusto por la lluvia, las nubes del cielo, la temperatura de las duchas que tomamos, o el jugo de frutas preferido. Somos ritual y estamos hechos a imagen y semejanza de nuestros sueños. Yo me entrego diario al ritual de perderme en sueños que no comprendo.

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