26.1.11

Hola, hola 2011

Regresamos en año nuevo a ser los mismos de siempre. Porque al final de cuentas no importa cuantas hojas le queden a tu calendario o los números que te indiquen las páginas, uno vive situado en la yo-mismez. Nosotros los de entonces, decía Pablo Neruda, ya no somos los mismos. Lo bueno y lo malo es que sí, sí somos los mismos, con los mismos miedos, con las mismas excusas, con las mismas ideas, con los mismos sueños. Sólo el alzheimer te puede ayudar a renunciar a ser tu mismo, pero entonces ya no es tu elección.

No somos dueños de nuestras vidas, así como no somos dueños de nuestras decisiones. Si al final del día nos vamos a la cama hartos de todo, es porque somos incapaces de elegir vivir de otra forma. Nuestra codependencia, nuestra inmadurez, nuestra comodidad, nuestras excusas favoritas, nuestro yo, quiere vivir así.

Porque así somos. Porque las "circunstancias" y "la vida". Cuando muy pequeña, un día le pregunté a mi papá que si quería tanto como decía a mi mamá, y no quería a su esposa, y mi mamá lo quería mucho, porque no se traía a sus hijos (mis hermanos) a vivir con nosotros y así, podíamos vivir todos juntos.

Mi papá me dijo que sería lo mejor para todos, que él sería muy feliz si pudiera hacerlo, pero que "la vida no siempre es como uno quiere".

Llevo desde mayo del año pasado sin hablar con mi papá. No estamos peleados. Pero a mí me da muchísima flojera buscarlo, hablar bajito, encontrar el momento en mi agenda y en la de él, en la que podamos vernos sin que eso implique alguna complicación en su vida. Nuestra relación siempre ha estado marcada por silencios prolongados: porque su esposa se podía enojar, porque él no tenía tiempo, porque sus otros hijos no lo entenderían, porque la sociedad lo podría señalar si decidía irse a tomar un café al centro conmigo y entonces tendría problemas con su esposa, con sus hijos, consigo mismo.

Y me decía: "eres muy buena y comprensiva y yo sé que lo entiendes". Y yo soy muy buena y comprensiva y lo entiendo.

Al final, yo me acostumbré a que él no fuera sino una referencia lejana, un nombre que evitaba colocar en las solicitudes de empleo, o al que me encontraba casualmente en algún evento y saludaba desde "lejitos". Porque uno se puede acostumbrar a todo. También a que la gente en tu vida que debería importar no te haga falta, a no depender de ellos, a no verlos, a no necesitarlos.

No es que uno no los quiera, es que uno entiende que sus situaciones tan complicadas, son inescrutables, inaplazables, que tienen tiempo para la esposa que detestan, para los otros hijos, para los compromisos políticos pero que no van a tu graduación, que no te despiden en los aeropuertos, que no están ahí cuando estás enferma, cuando cumples años, que no se enteran hasta 3 meses después que te han pedido matrimonio, que no se enteran hasta otros 5 meses que cancelaste la boda.

La vida no siempre es como uno quiere, es cierto. Es como uno decidió vivirla, como uno, que siempre es uno mismo, la vive porque es incapaz de elegir otra forma de vivirla. Y uno entiende y elige también vivir con sus ausencias.


2 comentarios:

Campanula dijo...

Que buena entrada, totalmente realista, así somos todos, no vivimos, sobrevivimos

Blue4 dijo...

Me gustaría compartir esto con una amiga que casi deja de serlo "porque está casada", "porque tiene 2 hijos", "porque ya dejó la fiesta", "porque es el crédito de su celular", pero se ofendería tanto, y me reclamaría una vez más que yo no la entiendo.