Anoche soñé que me casaba con un señor de unos 70 años. En lugar de cabello ostentaba una horrorosa peluca que parecía la piel de varias ratas de alcantarilla cosidas sobre su cráneo. E insistía en vestirme de india huichola.
Encuentro mucho más atractivo leer "El Demonio Viste a la Moda" que realizar llamadas a un montón de gente para preguntarles si están interesados en asistir a una demostración de Mary Kay. O tal vez no.
Amanecí de un ánimo extraño, porque uno no puede soñar que se casa con un vejete y luego amanecer así, muy tranquila. Lo peor era, obviamente, que mi novio me mandaba a la chingada y que la boda era el 6 de mayo. Recuerdo que era muy significativo y bastante obvio que me casara en esa fecha, pero en la vida real la fecha me vale madre.
En todo caso, explicaba el porque mi novio prefirió hacer ayer el aseo en lugar de venir a verme a mi casa. ¿Por qué? ¿Por qué uno es así? ¿Por qué uno tiene que caer en una psicotropía sin sentido en lugar de asumir simplemente el lado equis del asunto?
No, no en mi mundo. En mi mundo nunca es un "no tengo ganas" es un "ya no te quiero", tampoco existen los retrasos o el tráfico, es un acto deliberado para hacerme perder la paciencia. Ni pensar en un "se me olvidó" y absolutamente todos los "tenemos que hablar" significan indudablemente que me mandarán al diablo. Y es cansado. Divertido sí, pero terriblemente cansado.
Es cansado soñar que te casas con un viejo asqueroso y amaneces convencida de que quizá exageras un poco.
En cualquier caso ayer LA amiga dijo algo inteligentísimo: uno se la pasa por ahí, tratando de pasarla bien con alguien, pero no lo logra porque siempre está mirando las cosas negativas, en lugar de hacer que el rato sea memorable para alguien que de todas formas está de paso en nuestra vida. Zaz.
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