17.10.08

Quiere llorar, quiere llorar

A veces, uno de todas formas quiere pertenecer, aunque no quiera pertenecer a los que pertenecen. En la preparatoria yo me sentía la más ruda de las rudas porque saliendo de mi escuela privada para niños fresas, me iba (blusas rosas bordadas con florecitas y listones en el cabello, pero eso sí, zapato de casquillo en ante azul) a sentar en las plazas públicas a restregarle mi rebeldía al mundo consumiendo cantidades estratosféricas de... capucchinos y pastel de almendras. Era un mundo sin Starkucks y en mí defensa puedo decir que lo hacía en un tugurio de aspiraciones toreras. Bueno, comprendan que vivía en Zacatecas, acá lo más punk que uno podía hacer era andar en la calle sin hacer nada, porque en una ciudad chiquitita, donde todos hacen cosas productivas como jugar "Caras y Gestos" u "hornear pasteles", los amigos de mis padres me veían con harta reprobación y los fresquibons de la preparatoria, también me miraban con adusto gesto de respeto.

Jijiji.

Los auténticos malos, obviamente eran fresquibones de la preparatoria que escuchaban cosas como Metallica y Dream Theater, se vestían con playeras negras y andaban de lo más felices greña larga incluída y mirando con odio a todo mundo. A ellos no podía pertenecer por las ya mencionadas playeras de florecitas y los listones en el cabello.

No obstante, en la calle, el mundo era tan ecléctico (y tan poco matón) que la gente no lo comprendía y en efecto, te hacían a un lado; a los auténticos "malos", por ejemplo, nadie les tenía miedo, sólo decían "pos estos gueyes son bien mamones" y ya, los fresitas podían transucrrir a su lado sin pena ni gloria y se iban a las mismas fiestas, los fresitas jugaban caras y gestos y los malotes tomaban alcohol sin pudor y se terminaban besuqueando con algunas morritas elegidas al azar. 

En la calle conocí a Silvio Rodríguez (me encataría decir que mi madre era una revolucionaria en su juventud y que amaba la canción de protesta, mi madre es incapaz de ver la poesía en la lírica de los huaraches y el morral huichol y detesta la trova por sobre todos los géneros, incluída la cumbia), a Auté, a Lacrimosa (???), pasé de noche por Nirvana y Pearl Jam, pero descubrí a Carlos Castaneda y sus encuentros con el peyote, al que personalmente nunca conocí. Era la versión más obsoleta y light de lo que era ser vaguita en aquel entonces y ahora, me doy cuenta de que mis posturas tenían tanto de temible como Bob Esponja.

Claro que en esos años no había Bob Esponja.

Y descubrí en las calles a Molotov. Me gustaba su música porque decía palabrotas y realmene era tan absurda que nadie podía realmente ofenderse por ello. Hoy escuchaba camino al jale "Mátate Teté" y "Here we kum". Supongo que me identifiqué porque en efecto, yo era "la casi mala", la amiga del bueno. Ja.


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