Jijiji.
Los auténticos malos, obviamente eran fresquibones de la preparatoria que escuchaban cosas como Metallica y Dream Theater, se vestían con playeras negras y andaban de lo más felices greña larga incluída y mirando con odio a todo mundo. A ellos no podía pertenecer por las ya mencionadas playeras de florecitas y los listones en el cabello.
No obstante, en la calle, el mundo era tan ecléctico (y tan poco matón) que la gente no lo comprendía y en efecto, te hacían a un lado; a los auténticos "malos", por ejemplo, nadie les tenía miedo, sólo decían "pos estos gueyes son bien mamones" y ya, los fresitas podían transucrrir a su lado sin pena ni gloria y se iban a las mismas fiestas, los fresitas jugaban caras y gestos y los malotes tomaban alcohol sin pudor y se terminaban besuqueando con algunas morritas elegidas al azar.
En la calle conocí a Silvio Rodríguez (me encataría decir que mi madre era una revolucionaria en su juventud y que amaba la canción de protesta, mi madre es incapaz de ver la poesía en la lírica de los huaraches y el morral huichol y detesta la trova por sobre todos los géneros, incluída la cumbia), a Auté, a Lacrimosa (???), pasé de noche por Nirvana y Pearl Jam, pero descubrí a Carlos Castaneda y sus encuentros con el peyote, al que personalmente nunca conocí. Era la versión más obsoleta y light de lo que era ser vaguita en aquel entonces y ahora, me doy cuenta de que mis posturas tenían tanto de temible como Bob Esponja.
Claro que en esos años no había Bob Esponja.
Y descubrí en las calles a Molotov. Me gustaba su música porque decía palabrotas y realmene era tan absurda que nadie podía realmente ofenderse por ello. Hoy escuchaba camino al jale "Mátate Teté" y "Here we kum". Supongo que me identifiqué porque en efecto, yo era "la casi mala", la amiga del bueno. Ja.
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