Este texto debía ser escrito en verde limón, porque así amaneció el día. Amaneció un poco deslavado, demasiado temprano como de costumbre, tranquilamente se fue introduciendo en mis ojos que observaban la nada desde la oquedad de la madrugada. ¿Por qué? ¿Por que no hay seguros contra la normalidad? No hay nada que nos salve del lugar común, del amanecer diario, sólo la muerte, y entonces tampoco nos sirve.
La vida es un ensayo de historias repetidas innecesariamente, que se estiran indefinidamente ante los primeros rayos del sol.
Sálvanos señor,
de la moralidad caduca,
de las hipocresías reiterativas,
del color de rosa, de la música prefabricada.
Ayúdanos a encontrar paz en las resinas,
alegría en cada esquina, chocolates bajo las sábanas
y perfume en aerosol.
Cuando crezcan los tilos, quiero recostarme bajo su sombra, comer un helado de mango y olvidarme de las nostalgias que hoy revolotean en tus recuerdos.
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