Hay palabras maravillosas en otros idiomas. En mi curso de inglés avanzado dos (por allá de 1999) la maestra solía darnos ejemplos para que adivinásemos el significado de una palabra nueva. Cuando no existe una traducción literal al español es más difícil conceptualizar ciertas ideas y así, aunque víctimas de esta tendencia a dejar las cosas hasta el último, nos sentíamos un poco incapaces de asegurar que ya sabíamos de que demonios se estaba hablando.
El día de hoy me levanté de humor negligente. Dícese que uno tiene humor negligente cuando suena el despertador, pero es incapaz de apagarlo: sabes que ya te tienes que levantar, que está sonando por ti y sólo por ti y aún así no puedes evitar postergar el acto de sacar el brazo de las cobijas, estirarlo sobre tu cabeza y apretar el botón de "snooze". Cinco minisiestas más tarde te levantas y empiezas el día, con el ánimo negligente encima y compruebas que este no se ha disminuído un ápice.
El segundo síntoma de que la incapacidad total de hacer lo que se debe en el momento requerido es mirar ese correo electrónico del sujeto A pidiéndote que resuelvas la situación W por enésima vez. Tú lo sabes, A fue negligente, quizá ayer fue su particular día de "procastinarlo" todo y ahora sólo basta con que tú le respondas el correo con la clave que te pide para poder dar solución a su problema. Pero no lo haces. No es que no quieras, la situación W no es emergente, pero tampoco prescindible. De modo que si tan sólo lo desearas, ya habrías redactado el "querido señor A, la clave de acceso que pide es la siguiente, gracias". Pero no lo haces.
Dejas que las horas se vayan acumulando, una tras otra... y el mail sigue ahí y te mira con sus ojos de "recado importante", no lo ignoras. Inclusive piensas en él, pero es inútil. El ánimo negligente triunfa.
1 comentario:
jaja Yo hacia lo mismo en el trabajo...humor negligente, si lo tienes, lo tienes no importa que seas la Reina, solo NO me apetece seguir el juego hoy, solo NO.
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