Sobre la reposición de las horas dejé unas hojas en blanco. Nunca hay palabras adecuadas para la suposición intrínseca de los momentos que aún no vuelven. Me he dado de vueltas por lugares que aún desconozco y me quedé pensando en que tristes parecerían los abismos - aún más - sin la mística lluvia.
Sobre la avenida había hojas exiliadas, se habían lanzado de la democrática república arbolada en bandada sobre la banqueta, aprovechando una ráfaga de aire otoñal y parecían morir contentas en sus tonos dorados y bailes desenfrenados sobre autos, semáforos y peatones. Su locura hablaba de libertades inasibles y de sueños jamás descritos, mientras el humo de un cigarro iba perfumando de muerte el pateón de sus almas exintas. Hay vidas perdurables en las ramas más altas. Y he aquí que las hojas tiñéndose a sí mismas olvidan su malva origen - las hojas en el inicio y en la muerte adquieren tonos rojizos - para morir en una orgía de sensaciones nuevas, bajo pisadas mullidas y atardeceres más fúnebres. Luego volarán despedazadas convirtiéndose en polvo, adelantando el camino de nuestros cuerpos y sabiendo, que aunque les tiñamos el aire de humo, ellas alimentarán las larvas que consumiran nuestra muerte.
1 comentario:
erm...me puedes repetir la pregunta?
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